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		<title>GeneSys, Unlimited</title>
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		<description>Genesys, Unlimited: un centro de investigación instalado en los terrenos de la antigua ciudad del telepredicador Retribution Roberts. Nada de lo que se cuenta aquí es cierto; pero tampoco es mentira.</description>
		<dc:language>es-ES</dc:language>
		<dc:rights>Copyright Morwen</dc:rights>
		<dc:publisher>Morwen</dc:publisher>
  		<dc:creator>Morwen</dc:creator>
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	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/1916">
		<title>Y tras las noticias de deportes...</title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/1916</link>
		<description>En otro orden de cosas, va Marruecos y &lt;a href=&quot;http://www.elmundo.es&quot;&gt;nos invade&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A ver si centro este blog prontito...</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/1195">
		<title>No he dicho nada</title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/1195</link>
		<description>El &lt;a href=&quot;http://wbloggar.com&quot;&gt;nuevo sistema de edición&lt;/a&gt; ya funciona perfectamente. Estamos pensando en contratar a &lt;a href=&quot;http://rvr.blogalia.com&quot;&gt;rvr&lt;/a&gt; para que se venga a GeneSys; sus buenos oficios nos librarían de más de un sofoco, como cuando los del Centro de Informática dejaron la red vulnerable por error, y no sólo nos vimos infectados por todos los virus habidos y por haber (y algunos que no existían antes y aparecieron espontáneamente, autoensamblándose a partir de la sopa vírica en que se había convertido GeneSys, a mí no me pregunten, lo mío son los virus de ADN y ARN)... Decía, que no sólo pasó eso de los virus, sino que todos, absolutamente todos los que aquí trabajamos nos vimos suscritos a los boletines de once sectas religiosas y ocho seminarios de marketing. A día de hoy, cada vez que recuerdo aquella época y me estremezco, no sé cuáles eran los peores.</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/1175">
		<title>En casa y con gaseosa</title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/1175</link>
		<description>Tenemos un nuevo &lt;a href=&quot;http://wbloggar.com&quot;&gt;sistema de edición&lt;/a&gt; para las bitácoras que algunos mantenemos en GeneSys. Esa es la buena noticia. La mala es que no funciona. Ya sé que esto está muy abandonado, pero es que las cosas aquí sólo ahora empiezan a calmarse desde la plaga de palomas. Los obreros ya casi han terminado de reconstruir el ala nueva del edificio de Química, así que de nuevo podemos atajar por ahí en lugar de tener que pasar por los dormitorios del personal de limpieza, que se lo toma fatal, sobre todo cuando interrumpimos sus sesiones de jacuzzi o las partidas de squash. Y ya que estoy contando buenas noticias, por fin han cambiado la dirección de la cafetería, lo que quiere decir que al final nos han donado los contenidos de sus dos neveras industriales, esas que llevábamos tanto tiempo deseando estudiar. De aquí sale un Nobel fijo.</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/668">
		<title>Biunívoco</title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/668</link>
		<description>Dado que GeneSys está en los terrenos de lo que fuera un gigantesco complejo religioso, no sólo los edificios nos recuerdan el pasado. Gran parte del personal administrativo viene de los días del predicador Roberts (llamado cariñosamente R.R. por sus feligreses, que a su vez eran llamados &quot;viles e impíos pecadores indignos de recoger las migajas que caen de la cena del Señor&quot; por el simpático R.R., pero esa es otra historia). Una de las capillitas sigue en uso para servicios religiosos, ahora en minoría, y el departamento de Matemáticas ayudó a diseñar un horario que permite el máximo número de servicios al día con la mínima pérdida posible de horas de trabajo del personal. La cosa funciona realmente bien y todo el mundo está contento, o casi. Algunos de los empleados ven con disgusto la presencia de GeneSys en los terrenos de lo que fuera su iglesia y, aunque no han dimitido, demuestran su disgusto de maneras a veces algo raras. Por ejemplo, Loralee, de Contabilidad. Este es su mensaje de contestador, precedido por las primeras notas de &quot;Más cerca de tí, Oh Dios&quot;:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&quot;&lt;i&gt;Hola, soy Loralee. En estos momentos no puedo acudir a atenderte. Deja tu número y te llamaré lo antes posible. Quiero que sepas que siempre estarás en mis pensamientos y oraciones y que no importa lo que hayas hecho en la vida, Jesús está siempre dispuesto a acogerte. Bendito seas, y recuerda, una bendición puede ayudar a alguien a que su día sea más llevadero.&lt;/i&gt;&quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de esto suelo colgar con un vago sentimiento de culpa.</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/626">
		<title>Por qué no es prudente investigar las cosas demasiado en serio</title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/626</link>
		<description>El asunto de la cafetera y del café púrpura ha tenido un desenlace inesperado y algo confuso que puede que cuente luego. Pero no me resisto a transcribiros, más o menos, la escena que tuvo lugar ayer por la mañana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaba yo en el laboratorio cuando entró al galope Giacomo Orreri (nombres cambiados para la protección de los culpables). &lt;br /&gt;
—¡Lo tengo! ¡Lo encontré!&lt;br /&gt;
Esta es la frase habitual de presentación de Giacomo en cualquier circunstancia; ya estoy acostumbrada.&lt;br /&gt;
—¿Qué has encontrado? —dije con calma.&lt;br /&gt;
—¡Todo, la respuesta a todo! O al menos al colapso de nuestro modo de vida, ¡no lo dudes! Dime, ¿cuál es, hoy por hoy, el objeto cotidiano más útil de nuestra civilización?&lt;br /&gt;
—Sorpréndeme —dije, reprimiendo el impulso de apartarme un poco de Giacomo, que solía puntuar todas sus explicaciones con aspavientos dignos de Gene Kelly y una aspersión de saliva capaz de terminar con la sequía de un país mediano.&lt;br /&gt;
Giacomo extrajo algo blanco y leve de un bolsillo y lo mostró con orgullo. Lo miré un segundo en silencio.&lt;br /&gt;
—Es un... kleenex.&lt;br /&gt;
—¡Exacto! Útil, cómodo, ligero, portátil... —Giacomo se sonó ruidosamente la nariz y luego agitó en el aire el kleenex. Yo me aparté un poco—. Y ahora, totalmente inútil. Usado. Gastado. Un peso más que añadir a nuestro pobre planeta.&lt;br /&gt;
El kleenex salió volando en dirección a mi papelera, falló, y cayó al suelo con un sonido húmedo. Giacomo no hizo caso. Yo sí.&lt;br /&gt;
—¿Puedes imaginar cuántos kleenex se usan cada día, sólo en Estados Unidos? ¡Miles! ¡Millones! ¡Billones! ¡El derroche, el gasto, el despilfarro! —Giacomo se tiraba de los pelos, auténticamente angustiado, cuando de pronto una sonrisa beatífica le iluminó el semblante. Parecía un profeta del desierto que ve llegar a los pájaros trayéndole el almuerzo.&lt;br /&gt;
—Y entonces se me ocurrió. La solución. Simple, elegante, ecológica, ¡perfecta!&lt;br /&gt;
Nuevamente un objeto blanco fue agitado triunfalmente ante nuestros ojos.&lt;br /&gt;
—¿Otro kleenex? —aventuré tímidamente.&lt;br /&gt;
—¡El Ecokleenex! El principio es el mismo, pero con una sutil diferencia —me alargó el kleenex para que lo examinara. Giacomo sonreía de oreja a oreja y relucía de orgullo.&lt;br /&gt;
—Observarás que el tamaño es algo mayor de lo normal, lo que ofrece una ergonomía más eficiente. Lo mejor es que después de cada uso es posible un reciclaje completo del producto, por su composición de fibras vegetales higroscópicas e insolubles. Con un número reducido de unidades, no es problema que parte de ellas estén en la fase de recuperación del ciclo.&lt;br /&gt;
—Impresionante, Giacomo —dije, devolviéndole su hallazgo.&lt;br /&gt;
—¿Verdad que sí? &lt;br /&gt;
—Pocas veces me habías sorprendido tanto. De todas formas, y como medida de precaución, yo de ti consultaría la base de datos de patentes.&lt;br /&gt;
—Oh, puro trámite, puro trámite... Estas inspiraciones no se dan muy a menudo.&lt;br /&gt;
—Sin duda. Aun así, hazme ese favor. Por mi tranquilidad más que nada —dije, guiándole suavemente hacia la puerta—. No me gustaría que te quedaras atascado por algún estúpido problema burocrático.&lt;br /&gt;
—Tienes razón, tienes razón. Burocrático. No puede ser. Voy a mirar, sí. Gracias, gracias, eres una amiga.&lt;br /&gt;
—No sabes cuánto. Hale, ya me contarás.&lt;br /&gt;
Giacomo se fue murmurando detalles técnicos para sí y yo cerré la puerta cuidadosamente tras el inventor del pañuelo de tela, perdón, Ecokleenex. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Giacomo no está loco, aunque pueda parecerlo; es simplemente incapaz de procesar la información del mundo exterior. Demasiado creativo. Tiene a su nombre varias patentes que le dan unos buenos ingresos, pero no puede parar de inventar. El problema es que no tiene ni idea de cómo funciona el mundo real. Probablemente, tampoco sabe lo que es. Cuando está fuera de su banco de trabajo tiene la capacidad de concentración de un cubito de hielo.&lt;br /&gt;
No pasará mucho tiempo antes de que Giacomo se de cuenta de que no ha inventado nada nuevo. Seguramente usará su nuevo invento para enjugarse las lágrimas y se pondrá a inventar otra cosa. Quizá el sacacorchos, quién sabe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Entendéis ahora por qué me encanta trabajar en GeneSys?</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/333">
		<title></title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/333</link>
		<description>Resulta que la máquina de café está estropeada. He vuelto al laboratorio de la caftera misteriosa del café púrpura, pero la jarra estaba vacía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca hay nadie en ese laboratorio, ¿por qué será? Me he llevado una muestra de poso de café. Creo que Ángela, que trabaja en compuestos orgánicos, podrá pasarla por el cromatógrafo de gases...</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/332">
		<title></title>
		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/332</link>
		<description>Lo bueno de trabajar en una ciudad-iglesia reconvertida en centro de investigación es que la sala de conferencias está en la Iglesia central, con muchísimo espacio para la pantalla y convenientes capillitas laterales con café y galletas. Lo malo es que hace un frío que pela.&lt;br /&gt;
&lt;br&gt;&lt;br /&gt;
Y lo kafkiano es que de vez en cuando Adam McBride, que estudia teoría del caos, aparece de sopetón desde detrás de una esquina y grita &quot;Hah!&quot; a la vez que casi te desnariga al capturar una mosca en un bote de mermelada (quiere hacer un experimento sobre patrones de vuelo de las moscas en presencia de uno de esos trastos que se las cargan a base de descargas eléctricas. A mí no me miren).</description>
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	<item rdf:about="http://morwen.blogalia.com//historias/281">
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		<link>http://morwen.blogalia.com//historias/281</link>
		<description>Hay una cafetera en uno de los laboratorios que aún están abiertos a estas horas, pero no me atrevo. El café tiene un curioso tono púrpura. Y grumos.</description>
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		<description>Y la máquina expendedora requiere cambio exacto y no tengo suelto.</description>
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		<description>El restaurante está abierto, pero tienen la cafetera estropeada.</description>
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